El fenómeno Freegan. Comer de la basura

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Interesante noticia traída por los expertos en legalización de documentos en madrid jdimmigration. Los freegan reciclan los alimentos que otros desechan. Practican una convicción basada en un mundo sostenible que releja su forma de vida. No les mueve una necesidad económica, reciclan los alimentos porque no quieren sentirse partícipes de la rueda de consumo capitalista.

El supermercado de la ‘Calle basura’ ya ha vaciado las cámaras de alimentos a punto de caducar. Un grupo de personas se reúnen al rededor un cubo lleno de hortalizas y productos envasados. Primero, colocan cuidadosamente dos guantes sobre sus manos, acercan un pequeño carro de la compra y entran de lleno a reciclar productos alimenticios que estén en buen estado. Forman parte del club de los freegan un fenómeno cultural que nació en Nueva York a mediados de la década de los 90 y que fue bautizado con la combinación de palabras free (libre, gratis) y vegan (vegetariano que rechaza cualquier producto animal).

Los freegans rescatan la comida por razones políticas, más que por necesidad. Es un fenómeno que se alimenta de la sobreabundancia de alimentos en la sociedad occidental. El club de los freegans forman parte de un estilo de vida que recupera los alimentos desechados en los contenedores de basura de supermercados y restaurantes denominadodumpster diving. Se contraponen a los índices de escasez que malnutren a los países subdesarrollados y al consumo irresponsable de las sociedades capitalistas.

Si delimitamos la práctica freegan a los Estados Unidos, un estudio de la Universidad de Arizona, revela que el 40% de los alimentos que se producen en el Viejo Continente acaba en la basura sin pasar por ningún estómago; lo que significa que las familias tiran cada año al estercolero 40.000 millones de dólares. Un escándalo si se tiene en cuenta que hay 852 millones de personas malnutridas en el mundo, según la FAO, y que dentro de una ciudad como Nueva York, casi dos millones de personas viven por debajo del índice de pobreza, según el censo nacional.

Además, la fuente orgánica desechada por los supermercados no se reutiliza como abono para la nutrir nuevas producciones alimenticias. A cambio, los freegan llenan sus neveras con alimentos a punto de caducar, o con un golpe en la esquina del envase. En su búsqueda pueden encontrar productos que colorean la basura por la falta de espacio en el almacén ante la llegada de nuevas remesas de alimentos frescos al supermercado.

Es estilo de vida freegan combina la recolección y reciclaje de alimentos con prácticas que se alejan de consumo de masas. Utilizan medios de transporte sostenibles como bicicletas recicladas y buscan lugares que okupar. ¿Por qué alquilar un apartamento si hay tantos lugares abandonados a la suerte? Una vez lo encuentran, lo reconstruyen y viven con quien quiera combatir ideología contra la propiedad privada.

Para ellos trabajar no tiene sentido. Por eso los freegans evitan pagar impuestos, ganar salarios, comprar más, sacar créditos y disponer de tarjetas de crédito. Ellos prefieren satisfacer sus necesidades básicas sin tener que recurrir al  trabajo. Obtienen comida, ropa, alojamiento y movilidad sin desembolsar ni un billete, usando los recursos propios como medio de pago. Este ‘manual del freegan’ incluye el voluntariado como principio fundamental de ayuda a la comunidad. Además de repartir alimentos gratis en Navidad, elFreecycle es una red de contactos promovida por el movimiento que consiste en compartir los artículos que alguien quiera regalar a otra persona, ya sea por detalle personal o por falta de necesidad de uso. Una práctica contracorriente que refleja soluciones sostenibles frente al capitalismo.

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